miércoles, 13 de julio de 2011


Poder traspasar, lo sentimental  a lo físico, contigo, creo que aveces me supera,. Sí, caemos en decir muchas veces Te Amo, pero sentimos que no es suficiente. Todas las noches sueño contigo, esperando traspasar ese umbral que aveces me hace reír, sí, me desespera, pero es entretenido, vernos luchar contra eso, sin darnos cuenta que nuestra mirada nos dice mas que un trovador con su guitarra y su musa enamorada ; que lindo, la inocencia de poder buscar una manera, una ilusión, estrategia tal vez, o simplemente la solución para esto, y nos damos vueltas, entre libros y poemas, y somos tan solo nosotros la respuesta.

Un olor en mi cama me recuerda que tu espectro ronda mis sueños, que a mi lado acostado estás, mirando el techo vamos a conversar, y empezamos a imaginar aquel mundo sin ya nadie por estorbar, las calles libres de represión, antes sin olvidar, los ojos llenos de rabia, el fuego en nuestro caminar, y un objetivo por alcanzar... llegamos a nuestras manos apretadas de sal, ocho quizás, quien sabe, y todos los días, creando una historia la cual sería digna de contar...

El techo nos da vuelta, y un beso es el actor siguiente, que nos hace pensar que estamos ahí, los dos, que el tiempo no existe en esta situación, y que puede aumentar el calor. Y me embriago de una sutileza que recorre mi cuerpo sin saltar detalle alguno, me aferro a la pasión que recibo de la respiración en mi boca, alimentando el deseo de que tus brazos rodeen mi espalda y con esa sutil fuerza, me sienta acurrucada escuchando tu corazón, acurrucada en tu pecho, en tu virtud, en tu sinceridad.. De apoco nos volvemos locos y ya sabemos todo del otro, el agua corre por nuestra piel y es que tan solo cuando miremos otra ves el techo, esta se enfría..
De frente nos besamos, y nuestras manos cruzamos, las miradas de cierran.. y mi mente recuerda, como introducción al sueño nuevo, aquel lugar, apartado del ruido de la universidad, a dos niños entregando su amor a la verdad. 




En nuestra historia de amor,
el viento arrastró
la noche a otro lugar,
donde con violencia el mar
se enrolla como una blanca amapola.
Yo al tocar tus labios solo encuentro
estrellas hechas de sal,
otras son de cristal.


Donde gira el huracán
enojado como un dios,
con poder de levantar
los cuatro vientos y azotar
la playa y entrar en tu casa
y poner las cortinas de un golpe a volar,
mis barcos son de cristal.


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